La idea
Cinco estrellas no dicen nada de una tarde.
Una cafetería puede tener 4,7 y no servirte de nada, porque lo que buscabas era un rincón donde nadie te hablara. O tener 3,9 y ser exactamente el sitio donde te reíste hasta que cerraron.
En Ratico no calificas un café: registras cómo te dejó. Eliges la emoción, sumas una foto si quieres, y ese momento queda — tuyo primero, y de la comunidad después.
Con el tiempo cada lugar deja de ser un promedio y pasa a ser algo más útil: un mapa de para qué sirve. Dónde se trabaja bien. Dónde se llora tranquilo. Dónde llevar a tu mamá un domingo.
Capturar
Una foto, una emoción, una nota.
Guardar un momento toma menos de lo que tarda en enfriarse el café. Y la foto es opcional: lo que no es opcional es la emoción, porque es lo único que después te va a servir para encontrarlo.
Puedes decir con quién estabas —a solas, con amigos, con familia, en una cita— y para qué fuiste. Nada de eso es obligatorio, y nada de eso son estrellas.
Las emociones
Quince, y no todas son bonitas.
Nueve dicen dónde ir. Seis dicen dónde no. Las segundas van deliberadamente apagadas: no compiten, avisan.
Dejar la melancolía o la incomodidad dentro de la paleta fue a propósito. Una comunidad que solo admite entusiasmo deja de ser un registro honesto y se convierte en un escaparate.
Los raticos
De la quedada suelta a la cata con cupo.
Un ratico es alguien que propone una hora y una cafetería. Puede ser una quedada sin más, o una cata o un taller con cupo limitado: lo decide quien lo organiza. Si pone tope, la app cierra las plazas cuando se llenan.
Y en la puerta, el anfitrión confirma la asistencia escaneando un QR. Así lo que queda registrado es quién fue de verdad, no quién dijo que iba.
Cuando ves un lugar que te llama, puedes decir «quiero ir». Si después alguien arma un ratico ahí, te avisamos. Solo a ti y a quien lo haya marcado — a nadie más.
Colombia
Para quien todavía se sienta a tomarse algo.
Ratico está en camino a Google Play. Déjanos tu correo y te escribimos el día que salga.